Descubre la biología detrás de la varicela

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varicela

A muchos de nosotros nos atacó la cepa del virus zóster -especie de herpes-. Mucho más frecuente en niños menores de 10 años, este virus se contrae por medio de tos y estornudos o se transfiere compartiendo objetos, de manera que las escuelas son sitios de contagio por excelencia.

EL síntoma más conocido de la varicela es la aparición de pequeños granitos rojos -de 10 a 20 mm de diámetro- que provocan mucha comezón. En la mayoría de los casos, el sarpullido sale en cara, brazos, piernas, vientre y espalda. Los granitos se transforman en ampollas llenas de fluido, a menudo acompañadas con fiebre alta.

Las ampollas se revientan para convertirse en costras, que se caen en unos cuantos días, aunque pueden aparecer nuevas oleadas de granitos; se necesitan de 2 a 3 semanas para que el cuerpo recobre el control. Rara vez la varicela es una enfermedad seria, pero aún así es importante no impedir la formación de costras, ya que la infección puede agravar el padecimiento.

Hoy en día existe una vacuna contra la varicela que se recomienda cuando el paciente tiene un sistema inmunológico débil, es particularmente vulnerable a contagiarse, o no contrajo varicela durante su niñez.

Después del brote, la varicela no desaparece por completo. La afección permanece en estado latente dentro del cuerpo, puesto que el sistema inmunológico la mantiene oculta. La infección puede reaparecer posteriormente en forma de herpes zóster. Un sarpullido se presenta en algún punto del cuerpo y los síntomas regresan. Por lo regular, esto ocurre después de los 50 años. Cada año, 3 de cada mil personas en promedio contraen herpes en México.

Del total de niños que tuvieron varicela, el 90% son inmunes a ella en la vida adulta. Todos los síntomas son más severos cuando la varicela se desarrolla en la adolescencia o la madurez; no sólo el dolor es más fuerte, sino que puede haber cefalea y anginas. En consecuencia, hay mayor necesidad de tratamientos, que incluyen medicamentos y cremas para aliviar el dolor.

El padecimiento tiende a afectar a los adultos de manera más dramática debido a que el virus puede mutar en una variedad de cepas, como es el caso del herpes, o -en casos extremos- derivar en encefalitis, neuralgia posherpética o neumonía. Sin embargo, hay apenas un 10% de posibilidades de que esto suceda.

Las muertes por varicela han disminuido radicalmente en los últimos 25 años.

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