Cómo tu corazón y pulmones interactúan con los músculos

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deportes y cigarro

En reposo, los músculos esqueléticos reciben alrededor del 20% de la sangre bombeada en cada latido, pero durante el ejercicio su necesidad de oxígeno aumenta. Tienen prioridad por encima de casi todos los demás tejidos, y aproximadamente el 80% de la contribución cardíaca es desviada para satisfacer sus demandas. La adrenalina de las glándulas suprarrenales y la noradrenalina liberada de las terminaciones nerviosas aumentan la frecuencia cardíaca y ocasionan que las arterias se contraigan, desviando el flujo sanguíneo que iría a otras partes del cuerpo, como los órganos del sistema digestivo.

Mientras los músculos trabajan, productos de desecho, como CO2, potasio y ácidos, empiezan a acumularse y el tejido se vuelve hipóxico al consumirse oxígeno. Estas fuertes señales ignoran la constricción de los vasos sanguíneos, y causan que los vasos de los músculos que están haciendo esfuerzo se dilaten. Al mismo tiempo, los subproductos ácidos cambian la forma de la hemoglobina y, a medida que los glóbulos rojos pasan, depositan el oxígeno en el lugar donde más se necesita.

EL corazón bombea tan rápido que la sangre pasa menos tiempo en los pulmones, por lo que el intercambio gaseoso no es tan efectivo. Sin embargo, cuando el CO2 en la sangre llega al cerebro, la frecuencia y profundidad de las respiraciones aumenta y la presión arterial fuerza a alvéolos y capilares a abrirse, creando una superficie mayor para el intercambio gaseoso y asegurando que el CO2 sea canjeado por oxígeno al paso de la sangre.

Los músculos continúan contrayéndose y relajándose, aprietan las venas en piernas y brazos, y obligan a la sangre a regresar al corazón. Esto maximiza la cantidad de sangre bombeada con cada latido.

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