Cómo ayudan a respirar los alvéolos

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respiración

En los pulmones tiene lugar un intercambio de gases en donde el dióxido de carbono de la sangre se intercambia por oxígeno. De todos los procesos que ocurren en el cuerpo y nos mantienen funcionando y con vida, éste es uno de los más importantes: sin él perderíamos rápidamente la conciencia debido a una acumulación de dióxido de carbono en la corriente sanguínea que envenenaría nuestro cerebro.

Ambos pulmones están hechos de varios lóbulos, y sus bloques fundamentales son los alvéolos. Éstos constituyen el punto final de las vías respiratorias, puesto que los bronquios se dividen en tubos cada vez más pequeños que llegan hasta ellos, y tienen la apariencia de racimos de uvas microscópicos.

Alrededor de los alvéolos se encuentra la capa epitelial, que tiene el sorprendente grosor de una sola célula y está rodeada de vasos sanguíneos extremadamente pequeños llamados capilares. Es aquí donde ocurre el vital intercambio de gases entre el aire fresco en los pulmones y la sangre desoxigenada dentro del sistema capilar venoso que está del otro lado de la capa epitelial.

Los alvéolos han evolucionado para convertirse en estructuras especializadas y muy eficientes. Sus lados son muy delgados y resistentes. Además, se encuentran cubiertos por un surfactante pulmonar: una delgada capa líquida hecha de lípidos y proteínas que los protege, reduce la tensión superficial y evita que se arruguen cuando exhalamos aire. Sin los alvéolos, nuestros pulmones colapsarían.

La función alveolar permite el intercambio de gases, pero en vista de su reducido tamaño, los alvéolos no pueden trasladar aire nuevo dentro y fuera del cuerpo sin ayuda. Ésta es la tarea de músculos respiratorios y costillas.

El diafragma, que se encuentra debajo de tu corazón y pulmones, pero arriba de tus órganos abdominales, es el principal músculo respiratorio. Cuando se contrae, su forma normal de domo se aplana y el espacio dentro del pecho se expande. Esto reduce la presión en comparación con la atmósfera en el exterior, por lo que el aire entra con rapidez. Una vez que se relaja el diafragma, regresa a su forma de domo y la presión dentro del pecho se incrementa. El aire utilizado -ahora lleno de CO2- se ve forzado fuera del cuerpo.

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