Migraciones sorprendentes del reino animal

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migración animal

Para algunas especies, la migración es un viaje habitual anual, pero para otras es el recorrido interminable de toda una vida. El elemento clave que vincula todos los tipos de migración es el instinto de supervivencia.

Los animales cambiarán de ubicación a fin de colocarse en el mejor lugar de acuerdo con sus necesidades. Esto puede implicar una mudanza estacional, para escapar del clima frío, como las mariposas monarca y las ballenas grises, que cada invierno abandonan las costas de Canadá y Alaska, respectivamente, en busca del templado clima mexicano.

Algunos animales irán donde la comida vaya, o migrarán siguiendo otros instintos, como el de reproducirse. Unos más emprenderán el viaje hacia un sitio seguro para dar a luz -como las ballenas jorobadas que migran hacia zonas de parto en el invierno-, o bien para cuidar de los recién nacidos, evitar el hacinamiento o atender alguna otra necesidad biológica, como la muda de piel. Sea cual sea la razón para emprender semejante viaje, el motivo esencial es la necesidad.

¿Pero cómo saben a dónde ir y cuándo partir? Cada especie tiene sus propias señales. Por ejemplo, las aves que abandonan el Reino Unido en invierno saben que es tiempo de migrar cuando los días comienzan a acortarse y las noches se vuelven más frías. Estos indicadores estacionales también les ayudan a encontrar la ruta. Los indicadores visuales, como la posición del Sol, junto con otras señales sensoriales, como el aroma y el sonido de su destino, además de la percepción del campo magnético de la Tierra, ayudan a toda clase de animales a navegar.

Los animales logran sobrevivir a semejantes travesías acumulando grasa con antelación, viajando en grandes grupos y aprovechando el aventón de las corrientes y vientos.

Cuando las cosas dejan de funcionar como debieran, los ecosistemas pueden resultar afectados, pues dependen en gran parte de la llegada de especies migratorias. Por ejemplo, debido al cambio climático algunas especies de pájaros están regresando antes y partiendo más tarde. Sin embargo, cuando llegan demasiado temprano no hay suficiente alimento, y los que sufren las consecuencias son los polluelos. Por ende, conforme el efecto se propaga por el ecosistema, hay menos pájaros para alimentar a los depredadores, y así se genera el círculo vicioso.

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