Las plantas más mortíferas del mundo

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plantas venenosas

La belladona, una de las plantas más letales del hemisferio occidental, está llena de toxinas. Éstas incluyen atropina y escopolamina que, debido a que son anticolinérgicas (es decir, que ponen en peligro de parálisis los movimientos involuntarios de los músculos del tracto gastrointestinal, urinario, pulmones y otras partes del cuerpo), pueden provocar alucinaciones, delirios, convulsiones y muerte. De hecho, ingerir 2 o más de sus bayas puede matar a un niño, y unas 5 bastan para matar a un adulto.

La causa principal de estos efectos en el sistema nervioso parasimpático (sistema automático que regula las glándulas y los músculos) es el alcaloide tropánico llamado atropina. Esta sustancia es un antagonista competitivo, una droga que no provoca una respuesta biológica por sí misma, sino que bloquea o disminuye las respuestas del organismo, reduciendo la frecuencia de activación. En otras palabras, hace que los sistemas autónomos internos de quienes la consumen dejen de funcionar, causando semiparálisis, dificultad para respirar y una frecuencia cardíaca inestable.

El floripondio y el toloache son tan venenosos que históricamente se usaron en rituales de intoxicación y contienen una variedad de compuestos tóxicos. Al igual que la belladona, tanto el floripondio como el toloache contienen atropina y escopolamina; sin embargo, debido a su gran variedad de especies, suelen tener más efectos negativos. De hecho, entre las subespecies de cada una de estas 2 plantas pueden existir una variación de concentración de sustancias tóxicas de hasta 5 veces más. El delirio anticolinérgico se da en todas las sobredosis, mientras que la taquicardia, la midriasis grave y la amnesia a corto plazo, no, aunque también son comunes. En el toloache, los mayores niveles de toxicidad se dan en los frutos y las semillas.

La cicuta -quizás la planta mortal más famosa del mundo- contiene una de las neurotoxinas más letales para los humanos producidas naturalmente: la cicuta. Daña el sistema nervioso central, bloqueando la unión neuromuscular. Esto provoca parálisis muscular ascendente de los pies al pecho y, finalmente, parálisis del sistema respiratorio que lleva a la muerte en cuestión de minutos. Además de su peligrosidad, la cicuta es muy potente y es mortal si se consume en dosis ligeramente más altas a los 100mg. La muerte solamente se puede evitar si la persona que la consumió es conectada inmediatamente a una máquina de respiración artificial hasta que los efectos pasen después de 72 horas.

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