El ciclo del azufre en la naturaleza y clima

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El ciclo del azufre es uno de los muchos procesos bioquímicos en los que un elemento químico se mueve a través de los compartimientos bióticos y abióticos de la Tierra. Como sucede con los ciclos del carbono y del nitrógeno, el azufre se mueve entre la biosfera, atmósfera, hidrosfera y litosfera. En biología, los ciclos del agua, oxígeno, nitrógeno, carbono, fósforo y azufre son de particular interés porque forman parte de nuestro ciclo de vida. El azufre está presente en los aminoácidos cisteína y metionina, así como en la tiamina, que es una vitamina vital.

Las plantas adquieren su ración de azufre gracias a los microorganismos presentes en la tierra y en el agua, que son encargados de incorporar el azufre elemental en compuestos orgánicos que se puedan metabolizar. Luego, los animales adquieren el azufre al consumir plantas y otros animales. Tanto unos como otros lo devuelven a la tierra y al agua cuando mueren y ellos mismos son descompuestos por microorganismos.

Aunque en ambientes acuáticos y terrestres los pasos anteriores podrían ser suficientes para marcar un ciclo, en realidad el paso del azufre alrededor de volcanes y fuentes geotérmicas, además de que, cuando los volcanes hacen erupción, lanzan a la atmósfera grandes cantidades de azufre (dióxido de azufre). Por si fuera poco, la erosión de las rocas y la producción natural de compuestos volátiles de azufre en el océano también pueden provocar la liberación de azufre. Y por supuesto, cada vez hay más azufre en la atmósfera como resultado de la actividad humana, como la quema de combustibles fósiles, explosiones en demoliciones y minería.

En cuanto se encuentra en el aire, el dióxido de azufre reacciona con el agua y el oxígeno para formar sulfatos y ácido sulfúrico. Éstos se disuelven en agua y regresan a la superficie a través de deposición húmeda y seca. No todo el azufre se ocupa; también hay reservas en la corteza terrestre y en los sedimentos marítimos.

El azufre y el clima

Actividades humanas como la quema de combustibles fósiles y el procesamiento de metales generan alrededor del 90% del dióxido de azufre atmosférico. este azufre reacciona con agua para producir ácido sulfúrico, y con otros productos de emisión para formar sales azufradas (sulfatos).

Todos estos nuevos compuestos regresan a la Tierra, frecuentemente como lluvia ácida, que puede tener efectos catastróficos en las comunidades naturales ya que perturba el equilibrio químico de los cuerpos de agua, matando peces y vida vegetal. También puede dañar edificios y provocar intemperismo (erosión) químico. Sin embargo, el impacto ecológico de la contaminación con azufre no es totalmente negativo. El azufre en la atmósfera contribuye a la formación de nubes y a la absorción de rayos ultravioleta, amortiguando un poco los incrementos de temperatura causados por el efecto invernadero. Además, cuando la lluvia ácida deposita azufre en los pantanos, las bacterias que se alimentan de este elemento químico se sobrepoen rápidamente a los microbios que producen metano, reduciendo en buena medida las emisiones de éste, que conforman el 22% del efecto invernadero.

¿Qué es el azufre?

Es uno de los elementos más importantes y comunes de la Tierra. Se encuentra en forma pura o elemental como un sólido amarillo no metálico, así como formando parte de muchos compuestos orgánicos e inorgánicos. También está presente por todo el medio ambiente, desde la tierra, aire y rocas, hasta en plantas y animales.

Debido a su color amarillo brillante, era usado por los primeros alquimistas en su intento por crear oro artificial. No lo lograron, pero se encontraron muchas aplicaciones útiles para él, incluyendo la invención de la pólvora. Actualmente, el azufre y los compuestos que lo incluyen se encuentran en muchos productos de consumo, desde cerillos hasta insecticidas. Es también un fertilizante común, agente blanqueador y conservador de frutas, así como una importante sustancia química para industrias de todo tipo.

Sus primeros usuarios extraían este mineral de depósitos volcánicos, pero cuando la demanda superó la oferta hacia finales del siglo 19, se tuvieron que buscar nuevas fuentes de abasto. Los avances tecnológicos en la minería permitieron extraer azufre de grandes depósitos hallados en todo México. Aunque los depósitos volcánicos y subterráneos siguen contribuyendo al abasto global, cada vez más el azufre industrial se obtiene como un subproducto del gas natural y de los procesos de refinación del petróleo.

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