Cómo sobrevivir de los peligros en el desierto

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víbora cascabel

Así como las regiones polares son extremadamente frías a cualquier hora, uno de los mayores retos para sobrevivir en el desierto es lidiar con los grandes cambios de temperatura. En el Desierto del Sahara, el termómetro puede elevarse hasta los 50°C al medio día y descender a temperaturas bajo cero en la noche.

Lo mejor es cubrirte con una túnica holgada para permitir la circulación del aire alrededor del cuerpo, además de que así no sentirás tanto calor ni estarás pegajoso. Por la noche, cuando la temperatura desciende, puedes envolverte con la túnica o bien enterrarte para entrar en calor.

Es muy importante que protejas tu cabeza. Si crees que quedarte dormido mientras te asoleas es lo peor que te puede pasar, verás lo que es caminar todo un día en el desierto. Utiliza algo para envolver tu cabeza y cuello, aunque esto signifique descubrir otra parte de tu cuerpo. Así no sucumbirás a la insolación, que te puede provocar alucinaciones y desvanecimiento.

Los alacranes representan otro peligro muy común en el desierto. Se esconden en la arena y cuando pican con su cola, provocan que sus victimas se paralicen, y a la larga, mueran. Las botas de excursionismo no sólo te protegerán de estos espeluznantes bichos, sino que harán que el trayecto sobre la arena sea mucho más fácil. Aunque son indómitos, los alacranes constituyen una muy buena fuente de alimentación. Para comerlos hay que utilizar el método más seguro: tomarlos por la cola justo debajo del aguijón; sólo evita comer la cola.

En el desierto necesitarás reajustar tu reloj biológico. Trata de refugiarte durante el día y viajar por la noche. Esto tiene un doble beneficio: evitarás el Sol ardiente y te mantendrás activo durante la gélida noche. Además, podrás guiarte con las estrellas para seguir la ruta correcta y con suerte, llegar a la civilización.

EN cuanto a los refugios, puedes optar por grandes rocas, dunas o acantilados. Si lo anterior no es posible, cava una zanja en la arena más fresca y haz un toldo con ropa o algún otro material que tengas a la mano; cubre la zanja con el toldo y asegura éste con rocas o arena.

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