Cómo funcionan los desiertos más imponentes

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Los desiertos cubren una quinta parte de la superficie terrestre y son lugares fascinantes. Tomemos por caso el Desierto de Namib, en el sur de África. Se considera el más antiguo del mundo, ya que se cree que ha permanecido seco por 1 millón de años. Este desierto colinda con el mar a lo largo de la árida Costa de los Esqueletos, llamada así por los naufragios que contaminan sus dunas. Al sur se encuentra Sperrgebiet (área prohibida), donde se restringe el acceso al público para evitar que los cazadores de diamantes escudriñen las dunas costeras en busca de gemas.

El Desierto de Namib es caliente, con temperaturas veraniegas de entre 30° y 40°C. Claro que los desiertos pueden ser también fríos; por ejemplo, la Antártida, siempre cubierta de hielo, es el desierto más grande de la Tierra. La lluvia promedio en estos lugares es inferior al medio metro por año. De hecho, algunos desiertos permanecen sin lluvia durante meses e incluso por años.

Casi todos los desiertos calientes del planeta se localizan a una latitud de 30° del ecuador. Entre ellos está el vasto desierto del Sahara, en África. En estas latitudes, las gigantescas corrientes atmosféricas obligan al aire a hundirse y calentarse, lo que se traduce en supresión de la lluvia.

Tanto el Desierto de Namib como el Desierto de Atacama (Chile y Perú) son costeros: se asientan junto a corrientes oceánicas frías -las corrientes de Benguela, Humbolt y Peruana-, lo que ocasiona que el aire arriba de ellos se enfríe. El aire frío retiene menos vapor de agua, con lo cual disminuye la lluvia en la cercana tierra cálida. Estos desiertos figuran entre los más secos de la Tierra. La mayor parte de la humedad proviene de nieblas desérticas, que se forman cuando el aire caliente se condensa sobre el océano frío. Algunos desiertos de Asia y Australia se localizan en el interior, de modo que el aire del océano pierde casi toda su humedad antes de llegar a ellos.

Los climas y la fauna silvestre varían enormemente de un desierto a otro. Los desiertos calientes, como el Sahara, mantienen su temperatura todo el año, y en ellos escasea la lluvia. Pueden alcanzar los 49°C en el día, aunque en la noche su temperatura llega a descender hasta -18°C.

Los cielos despejados permiten liberar el calor después del atardecer y que los mamíferos pequeños busquen comida al anochecer. Entre las plantas, destacan arbustos poco elevados con hojas correosas. En los desiertos semiáridos, como el de Sonora, las temperaturas rara vez descienden por debajo de los 10°C o se elevan por encima de los 38°C.

Cerca de las frías costas del océano, las temperaturas del desierto apenas rebasan los 24°C en verano, mientras que la lluvia anual cerca de la superficie para captar la lluvia, y sus tallos son carnosos y almacenan agua. Algunos sapos se mantienen ocultos en madrigueras durante meses entre una tormenta y otra.

Los vehículos todoterreno, las perforaciones y la explotación minera son algunos de los factores que dañan los ecosistemas del desierto. La elevación de la temperatura como consecuencia del cambio climático podría representar una amenaza para la fauna silvestre adaptada a la sequía, en vista de que hay más incendios y los pozos se secan.

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