Castillo de Cardiff, una verdadera fortaleza medieval

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El Castillo de Cardiff parece irreal. Está adornado con elaboradas esculturas, rodeado de pasillos cubiertos y coronado con una imponente torre de reloj. Como parte de su expansión desde Inglaterra a Gales, los normandos lo construyeron poco después de 1081 sobre las ruinas de un fuerte romano. Con el tiempo, el Castillo de Cardiff se fue agrandando, en especial a principios del siglo 15, cuando el torreón tomó forma. En el siglo 18 se embelleció con una mansión georgiana.

En 1484, John Patrick Crichton-Stuart (tercer marqués de Bute) heredó el Castillo de Cardiff cuando tenía escasos 6 meses de edad. Inesperadamente, la historia dio un viraje hacia el pasado. “Mi lujo es el arte -dijo Bute-. Me gusta el arte y la arqueología, y tengo el dinero para consentirme”. A los 18 años, y aprovechando la fortuna de su padre y su gusto multifacético por la historia, religión, arte, literatura y lo oculto, Bute hizo amistad con el excéntrico arquitecto y diseñador William Burges. Los 2 comenzaron a reconstruir y decorar el lugar llevados a su idea de cómo debía ser un castillo medieval.

Rehicieron todo el interior con esculturas atrevidas, vitrales, estatuas angelicales y techos abovedados. Burges hizo ver pequeño el edificio original al construir los apartamentos de Bute en la torre de reloj, que mide 40 metros de altura y está decorada con los símbolos del zodiaco.

Desgraciadamente, Burges murió en 1881 antes de completar su mejor obra: el asombroso cuarto árabe, inspirado en sus viajes a Sicilia y Turquía. Bute le rindió homenaje mandando a grabar en mármol su propio nombre y el de su camarada. Actualmente los visitantes pueden ver la placa en este castillo de fantasía.

La verdadera historia medieval del Castillo de Cardiff es más sangrienta que romántica. Este baluarte fue utilizado como prisión y lugar de ejecución para los peores traidores de la corona británica: en 1106 para Roberto Curthose, hijo de Guillermo el Conquistador, y en 1317 para el rebelde galés lord Llywelyn Bren.

La ejecución de Bren hizo enojar a otros nobles ingleses en Gales. Cuando Hugo Despenser, uno de los favoritos del rey Eduardo II, se declaró como Lord Glamorgan, se avivó el resentimiento local. Los nobles se lanzaron contra él para despojarlo y saquear su casa en el Castillo de Cardiff.

La guerra Despenser, de 1321 a 1322, fue aplacada por la Corona, pero Eduardo II y su despreciable reinado tenían los días contados. En 1326, el rey tuvo que abdicar; a Despenser lo destriparon y echaron al fuego. El Castillo de Cardiff permaneció en la familia, pero los futuros Despenser se fueron a vivir a otro lado, por temor a reavivar el resentimiento de la noblesa local.

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