La automotivación en la inteligencia emocional

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automotivación personal

La automotivación y la inteligencia emocional es algo que en estos días parece ser más necesario, si no es que indispensable, para poder convivir de una mejor manera en sociedad; siempre es bien valorado alguien que tiene la facultad de no requerir de estímulos externos para poder hacer las cosas -llámese dinero u otra clase de incentivos-, esta clase de personas que proponen, que intentan colaborar sin que se les pida,  que ponen su mejor esfuerzo sin tener que contratar un supervisor, sin que sean “esclavos” sino que actuando en conciencia de que al buscar lo mejor para uno mismo, sabiéndose parte de un grupo, se puede obtener lo mejor para el grupo; esto es lo que podríamos entender por alguien automotivado.

Cuando Daniel Goleman propone su teoría sobre la inteligencia emocional, empieza tomar sentido el porque algunas personas que incluso siendo poseedoras de una gran CI (Cociente intelectual) había situaciones en las que fallan de manera monumental, a pesar de que personas con un CI mucho menor, lograban superar la situación con extrema facilidad.

La hipótesis de Goleman agrega una dimensión más a la manera de ver las cosas, pues no sólo considera la cuestión racional que cada persona puede hacer sobre “x” o “y” situación, sino que además considera las emociones, sentimientos, moral que cada persona puede tener y que puede verse afectado por la sociedad en la que vive y se desenvuelve.

Se sostiene que las distintas habilidades de la inteligencia emocional como son: el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo, pueden enseñarse, mejor que sea desde niños, a fin de que lo que se haya recibido por el azar genético, se pueda mejorar  o encausar de la mejor manera.

Es claro que la simple racionalidad, puede no ser suficiente, es necesario un conocimiento de uno mismo, a fin de que las emociones propias no nublen el juicio de las cosas, que la percepción de más completa de los grupos sociales en que nos desenvolvemos, nos de información precisa, para que, al saber de esto se sepa que se puede esperar y que no de una situación, evitando así la frustración que puede causar impotencia y desanimo. Cuando se tiene una idea de lo que se puede esperar, se sabe que lo que resulte, será información útil para rectificar y hacer mejor las cosas.

Entender mejor las cosas y hacer por gusto, con emoción, hace que no sea necesario un impulso externo, e incluso, al hacerlo por voluntad propia, es posible que se pueda innovar o mejorar lo que se hace y, probablemente tarde o temprano, incluso de ahí vendrá el incentivo no buscado, pero que a nadie le estorba.

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