Cómo se fabrica el Ford Fiesta

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En las oficinas centrales del gigante internacional de vehículos de motor: Ford, en Colonia, Alemania, todos los días salen decenas de Ford Fiesta de la línea de producción. Todo comienza cuando un robot une las puertas al vehículo utilizando guías láser para que el ajuste sea exacto. Luego se lava la carrocería para que quede lista para la pintura, que es aplicada a continuación por más brazos robóticos. Al terminar, el vehículo se mete al horno y envía a la planta de montaje. El siguiente paso -el más importante- es la unión, donde se introduce el motor en la carrocería y se fijan las ruedas.

Hablando de motores, en la fábrica se han producido 26 millones desde su apertura el 12 de febrero de 1962. Con esa cantidad de motores se podría formar una hilera de ida y vuelta a Los Ángeles. Los motores se arman en sólo 4 horas y 12 minutos en un hangar enorme, y para mantener los elevados niveles de calidad, 1 de cada 5,000 motores pasa por una inspección minuciosa en la que los ingenieros lo analizan, miden y verifican el correcto funcionamiento.

El motor EcoBoost tiene el menor consumo de combustible de su categoría; produce la misma potencia -y calidad sonora, según la consideración de Ford- que los autos de su competencia, aunque sólo tiene 3 cilindros, uno menos que la mayoría de sus principales rivales. En general, el EcoBoost es un artículo excelente, pero ¿de qué sirve un motor sin un coche donde meterlos?.

Al comienzo de la línea de producción, el vehículo es un cascarón gris, hueco y vacío, pero luego una jungla artificial de máquinas de soldadura, brazos robóticos hidráulicos y bandas transportadoras se encargan de convertirlo en un brillante supermini listo para rodar. En cada vehículo se introducen 1.3 km de cableado y se sueldan 310 paneles. Para esto se necesitan temperaturas de hasta 1,400°C.

Aunque parece que el procedimiento nunca cambia, se realizan 11,400 variaciones del Fiesta entre los modelos de 3 y 5 puertas, estándar y camioneta. El montaje del Fiesta concluye con una inmersión completa en un líquido de electrorrecubrimiento para agregar una capa resistente a la corrosión, además de que se le incorpora una película de un sellador a prueba de agua y amortiguador de vibraciones.

Pero aquí no se termina el trabajo: quedan los rigurosos procedimientos de prueba de Ford. Cada modelo es sometido a 40 pruebas de choques reales, a temperaturas desde -40°C hasta 82°C y a 130 horas en el túnel de viento. También se finge una lluvia torrencial, con su debido examen de suspensión, en la que se debe cruzar por superficies irregulares. Además, del examen físico, los empleados de Ford utilizan el sistema de entorno automático de inmersión tridimensional virtual (CAVE) para realizar 5 mil simulaciones de choque. Este sistema permite probar detalles intrincados y hacer mejoras sin más láminas retorcidas ni gasto de combustible.

A pesar de todas las maravillas mencionadas, no todo es magia y ciencia divina, el Ford Fiesta en cualquiera de sus versiones desde los años 2011, sufren de un molesto ruido y fricción al acelerar y pasar trasmisiones, esto es debido a la tecnología Powershift by GeTrack, que permite trabajar en seco. Son miles los usuarios que deben ir a reprogramar el Powershift una vez al mes, y a pesar de estas oportunidades, Ford no ha podido solucionarlo.

Pero volviendo al tema, desde las ideas y el concepto originales hasta los toques finales en la línea de montaje, el camino de un auto es largo, incluso antes de llegar al piso de exhibición.

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