Meteoritos: las verdaderas estrellas fugaces

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lluvia de meteoritos

Gracias a la industria hollywoodense, las rocas espaciales con trayectorias hacia la Tierra se consideran aterradores misiles que podrían acabar con nosotros. Pero, ¿Qué son estas piedras incandescentes?. En esencia, son trozos de roca que han sido desprendidos de los asteroides durante una fuerte colisión, ya sea con otro asteroide, una nave espacial o un satélite. Estos trozos se denominan meteoritos y, ocasionalmente pueden venir también de la Luna o de Marte, en cuyo caso se distinguen de los que vienen de los asteroides porque son mucho más jóvenes.

Todo es relativo, ya que estos meteoroides jóvenes pueden tener 2,500 millones de años de edad; continúan su viaje por el espacio hasta que son atraídos gravitacionalmente hacia un planeta, por ejemplo, la Tierra. Mientras atraviesan la atmósfera terrestre crean una deslumbrante estela de luz en el cielo y se les llama meteoros o estrellas fugaces.

A cualquiera de ellos que logre atravesar toda la atmósfera y chocar con la superficie terrestre se le denomina meteorito. Si son lo suficientemente grandes, pueden impactar con fuerza y formar cráteres. En estas grandes cavidades los científicos obtienen muchos datos; por ejemplo, cuando cayeron y cuáles fueron sus efectos en la Tierra.

El impacto más famoso de una roca espacial es, obviamente, el que se cree que acabó con los dinosaurios, cuando un meteorito de 10 kilómetros de diámetro se estrelló en México hace unos 65 millones de años. El impacto provocó tsunamis, temblores gigantescos y erupciones volcánicas que arrojaron grandes cantidades de polvo a la atmósfera, impidiendo la llegada de los rayos del Sol. Lo que quedó fue un planeta completamente congelado en el que las temperaturas bajaron drásticamente, haciendo que las poblaciones de plantas y animales fueran diezmadas.

Afortunadamente, instituciones como la NASA cuentan con sistemas que pueden dar seguimiento de meteoritos por varios años antes de que exista peligro de colisión con la Tierra, de manera que estamos relativamente a salvo de un Armagedón, siempre cuando existan los recursos para destruirlos en su camino hacía nosotros.

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